miércoles, 3 de julio de 2013

Guerra; Genohumano 2ª parte

            Aquí sigo encerrada entre estas cuatro paredes, tengo la sensación de estar esperando a que llegué mi muerte, y no será bonita, si tan solo esos humanos no me hubiesen capturado no estaría aquí.
Es curioso como ahora que veo que estoy capturada y sin libre albedrío es cuando pienso que quizá, solo quizá, podría haber tenido una vida tranquila, ocultándome entre los humanos, hubiese sido una vida más larga, y podría haber sido placentero matarlos sin que sospechasen de mí, lo único que necesitaba era información para poder hacerlo bien, pero pensar en eso ahora, es un sinsentido.
En ese preciso momento me levante y me puse a andar por la celda, solo podía pensar en la mala suerte de mi vida, y eso me enfurecía, la celda como era de esperar no era muy grande, pero tenía una cama, un armario, que por supuesto estaba vacío, y tenía una pequeña habitación que hacía de baño, pero lo que a mí más me molestaba era un gran espejo empotrado que había justo enfrente de la cama, hacia parecer la habitación más grande y a mi más solitaria, me sentía sola y ese espejo no hacía más que recordarmelo
Sentada en la cama mirándome a mí misma, me di cuenta que nunca me había mirado durante tanto tiempo, mi pelo llegaba hasta los hombros era negro y liso, y contrastaba mucho con mi piel pálida, un tono de piel de alguien que nunca ha estado bajo el sol sin su armadura, y mis ojos eran verde claro, yo misma diría que son bonitos si en ese momento no brotasen de ellos odio, parecían que iban a saltar chispas.
Mi cuerpo era delgado y fibroso, entrenamiento y experiencia es lo que trasmitía, pero en ese momento estaba tapado por una camiseta y unos pantalones viejos, que claramente no eran de mi talla ¿que habría sido de mi armadura? Recuerdo perfectamente:
Cuando el vehículo en el que iba paro, y Cero me dijo que nos dirigíamos a casa, sin dejarme decir ni una palabra me agarro con su brazo derecho de las cadenas por la zona abdominal y me levantó como a un saco de patatas, recuerdo que pensé que eso es inhumano, solo las cadenas debían de pesar 80 kg, más lo que yo peso casi llega a 150 kg, de echo aún sigo pensándolo.
Mientras iba en el brazo de Cero vi lo que ellos llamaban casa, era una ciudad muy grande, pero había dos claras zonas, una que estaba destartalada, que era en la que nos encontrábamos y los alrededores de esta zona que ni siquiera era habitable, la mayoría eran escombros y edificios devastados.
Una vez en esa ciudad seguimos hasta llegar a una gran plaza llena de humanos, todos con la misma indumentaria que Cero y Zetha, ropas de color militar, con diversas protecciones en pecho, brazos y piernas, en la cabeza llevaban cascos como los míos, cubrían toda la cabeza y tenían una visera de cristal negro de lado a lado de la cara, donde se encuentran los ojos, en la boca llevaban una rejilla que aparte de decorativa, permitía respirar en ambientes infrahumanos, a diferencia del mío, algunos los tenían rotos, otros sucios, algunos inclusos llenos de sangre.
Lo que estaba viendo me horrorizaba, muchos de los cascos estaban arañados y en mal estado con ralladuras en zonas clave, pero los que aún estaban nuevos, se les veía un código identificativo, que se le ponía a mi raza cuando estaban listos para salir a combatir, esos cascos no eran de esos humanos, pero seguramente, su auténtico propietario no podría reclamarlo jamás.
-sois unos malditos macabros ¿Cuántos de nuestra gente ha matado tu gente?- recuerdo que le dije a Cero
-menos que los vuestros a los nuestros, mujer- respondió Cero, aun que curiosamente no distinguí ni rabia ni rencor en esa respuesta.
-nosotros no mostramos triunfantes vuestros despojos- Dije con rabia.
-claro, simplemente nos matáis y punto, nosotros mostramos vuestros cascos como un trofeo, os consideramos algo que tener en cuenta, y cada una de vuestras muertes las mostramos con orgullo, vosotros solo nos matáis y tratáis como a simples moscas- dijo Zetha que debió oír mi queja
Justo después llegamos donde estaban el resto de humanos y Cero me dejo en el suelo y se sentó resoplando a mi lado
-eres una gorda- se limitó a decir
-quizá, solo quizá, si no tuviese cadenas hasta en el duodeno no pesaría tanto- conteste con furia
-también es cierto- contesto riendo
Esa grosería hacia mí y mi contestación debió hacerle gracia a los humanos que iban en el vehículo de antes, porque rieron todos a una, pero se callaron cuando un hombre del grupo de humanos se adelantó, no tenía casco, tampoco aspecto de anciano, pero algo estaba mal en su cara, ahora que lo pienso probablemente fuese una enfermedad avanzada o heridas de combate que no curaron bien, solo se, que a ese hombre no le queda mucho, tenía el pelo muy corto y blanquecino sus facciones eran serias, y la barba recta y cuidada le daban un toque de autoridad.
-bien hecho Zetha, tu grupo ha vuelto a cumplir su misión sin ningún problema, con razón sois un equipo de elite, ahora llevad a este genohumano a una habitación, y en media hora te quiero ver en mi despacho, necesito discutir por última vez con los miembros del consejo antes de decir definitivamente que hacer con…. El individuo- dijo el hombre con una determinación en la voz que su cara no me trasmitió
-de acuerdo- dijo Zetha quitándose el casco y asintiendo con tranquilidad, debajo de aquel casco se encontraba un humano joven, más de lo que esperaba, con el pelo largo, hasta su espalda, castaño y enredado, probablemente por el viaje, también tenía algo de barba, pero no creo que la tuviese por estilismo, como era el caso del hombre-muerto, que es como empecé a denominarle desde ese momento.
-oye, oye ¿no me dejareis descansar? Es a mi al que le toca trasportarla- dijo Cero
-no me seas enclenque ¡demuestra que eres mi maldito hijo!- contesto el hombre-muerto, ese dato en realidad me sorprendió, pero no tardaría en descubrir la verdad.
-bueno, porque me lo pides así de amablemente, que si no te dan- contesto Cero irónicamente mientras me cogió y llevo hacia uno de los edificios que rodeaban la plaza, detrás nuestra nos seguía Zetha, y los otros tres, que me capturaron, aunque ellos apenas me dirigían la palabra.
-Sany, me puedes traer ropa para ella, tenemos que llevarnos su armadura y no quiero que este desnuda en su habitación- dijo Zetha mientras íbamos -tu Isma necesito que vengas conmigo a por sus armas, y tu Argentino deberás ir a la armería a reponer nuestras armas perdidas ¡hacedlo rápido si esta noche queremos disfrutar de una noche libre!-
Tras esto cada uno se marchó a hacer lo que se le mando, no sin antes insultar cada uno a Zetha por mandar tanto
-no lo entiendo ¿no es el vuestro jefe?- le dije a Cero mientras entrabamos al edificio – ¿por qué no os castiga por insultarle? eso es insubordinación, falta de respeto-
-por favor no nos compares con equipos de gente normal o estrictamente militares, Zetha es el que manda eso es cierto, pero no obedecemos sus órdenes, las aceptamos si es necesario, así funcionamos mejor- dijo mientras al entrar al edificio se quitaba el casco y se lo colgó al cinturón, mostrando una cara seria y angulosa parecida a la del hombre-muerto, joven también, y con el pelo corto y completamente despeinado, y barba de un día
El edificio por dentro no parecía estar tan deteriorado como por fuera, y daba a una gran sala, en el fondo había grandes escaleras a cada lado con, en el centro una mesa y un humano detrás, con unos ropajes oscuros y finos, nada apto para el combate, le daba un aspecto débil.
Nada mas subir por una de esas escaleras vi que subía muchas plantas y en cada una grandes pasillos con numerosas puertas, y gran actividad humana, la mayor parte de aspecto militar y armados, sin mis armas, huir de aquí es casi imposible.
-entonces, por lo que he visto y oído antes, tu padre es el jefe del lugar ¿Por qué no eres tú el jefe del equipo y miembro del consejo como lo es Zetha?- pero no contesto a mi pregunta hasta que entro a la celda en la que ahora estoy, la que ellos llamaban habitación. Estaba en el quinto piso y alejado de la escalera principal, fuera de mi celda, había rondando cuatro grandes humanos con cara de hacer un trabajo que no querían.
-Realmente eres una chica de mente rápida, hilas todo muy bien- tras una pequeña pausa en la que me miro de arriba abajo termino diciendo- mi padre me lo pidió, pero él me conoce muy bien, y yo ya se lo dije, a mí no me des papeles que conlleven mucho esfuerzo o responsabilidades, no me apetece lidiar con el problema de la ciudad, a mi déjame haciendo lo que se me da bien, actuar en la línea de combate, se pasa mal a veces- dijo tocándose el brazo derecho involuntariamente, dato que no pase por alto –pero paso de tener que hacerme cargo de los asuntos de toda la ciudad, mientras no sea estrictamente necesario, esas fueron literalmente mis palabras-
Después de eso me quito las cadenas mientras se encendió un cigarro y se puso a revisar la habitación.
-esto es mi celda ¿Por qué te quedas aquí en vez de irte?-
-Me tengo que llevar tu armadura, tu veras que prefieres dármela ahora, o esperar a que venga mi compañero con ropa con la que te puedes cambiar ahí dentro- dijo señalando el baño
Y estuvo esperando como un maldito idiota hasta que llego el otro humano y se llevaron mi armadura, y me encerraron aquí, ahora habrán pasado cuatro horas y aún no han decidido que hacer conmigo, esta espera es una mierda, pero casualmente cuando pensaba en la espera abrieron la puerta de par en par y me encontré con dos humanos, a ninguno le conocía, al menos no sin el casco, dato que no pase por alto, por lo poco que había visto, los humanos en este edificio se solían quitar el casco, o directamente no tenían.

-acompáñanos genohumana, vas a ser interrogada-

1 comentario:

  1. Soy el puto amo!!!!
    Bien, primer paso cojonudo, colocarme en un puesto importante. ¡¡Así se empieza una gran historia!!
    Por otro lado... "Realmente eres una chica de mente rápida, hilas todo muy bien" verás Cero... era todo absolutamente obvio...
    Y me gusta como queda reflejada tu pasividad absoluta, bien hecho

    ResponderEliminar